La tecnología que está ayudando a concluir la Sagrada Familia

Gaudí aceptó el encargo de terminar la Sagrada Familia en 1883 cuando tenía 31 años (la primera piedra del templo se había colocado el 19 de marzo de 1882, pero el arquitecto original renunció al trabajo) y esperaba acabarla en un plazo razonable, a pesar de la grandiosidad que sus ideas iban imprimiendo a la basílica. Murió sin verla terminada. Durante 43 años dedicó gran parte de sus energías a esta obra, los últimos 15 de su vida lo hizo de forma exclusiva sin aceptar otros encargos.

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Jordi Faulí / David Puig

Arquitectos Sagrada Familia

Antoni Gaudí no requiere presentaciones. El catalán es uno de los arquitectos más populares de la historia, unánimente reconocido como un visionario, de genialidad arrebatada, precoz en sus logros y enorme en sus ambiciones.

Todo en él resulta excesivo: desde su fama de juventud hasta su muerte de película atropellado por un tranvía en la Gran Vía de las Cortes Catalanas de Barcelona. Siete de sus obras están hoy consideradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, pero sin duda la más famosa, la que más visitantes atrae, es su gran proyecto inacabado, el templo de la Sagrada Familia de Barcelona.

Según datos de la Junta Constructora, más de cuatro millones y medio de personas accedieron al edificio el año pasado, aunque el ayuntamiento calcula que hasta 20 millones se acercaron para admirarlo desde el exterior.

Alrededor de la personalidad superlativa de Gaudí, al igual que ocurre con las figuras de otros grandes creadores, se levantan multitud de mitos e historias.

Dotado de gran talento, de él se cuenta que era capaz de imaginar sus edificios por completo sin necesidad de plasmarlos primero en planos, aunque le gustaba trabajar con maquetas.

En su estilo, ahora inconfundible e imitado, mezclaba las formas de la naturaleza con la perfección técnica, bebiendo de innumerables influencias anteriores para alumbrar obras eclécticas y únicas.