El brazo incorrupto de san Francisco Javier, una de las reliquias más apreciadas en el catolicismo, abandonó unas semanas la iglesia del Gesú en Roma para ser exhibido en Canadá. El 3 de enero comenzó su recorrido por el país norteamericano en la ciudad de Quebec. Después llegó a templos de urbes como Halifax, Kingston, Toronto, Calgary, Vancouver y Montreal para finalizar su itinerario el 2 de febrero en Ottawa. Se trató de una iniciativa de Terrence Prendergast, arzobispo de la capital canadiense, y del grupo universitario Catholic Christian Outreach, en el marco de la conmemoración de los 150 años de la fundación de Canadá.

Se estima que con dicha extremidad, san Francisco Javier bautizó a unos 100.000 individuos en Asia

Nacido en Navarra en 1506, Francisco Javier partió como misionero a Goa a los 35 años, para después aventurarse en Japón y China. Murió en 1552 y fue canonizado en 1622 por el papa Gregorio XV. Su cuerpo incorrupto reposa en la basílica del buen Jesús de Goa, aunque su brazo derecho fue seccionado en 1614 por un sacerdote jesuita que lo llevó a Roma.

Angèle Regnier, cofundadora del grupo Catholic Christian Outreach, voló desde la capital italiana con la reliquia y la acompañó durante todo su recorrido por Canadá. Al iniciar su recorrido, Regnier afirmó a la cadena CBC que viajar con el brazo sería “como hacer un viaje con un amigo”.

La reliquia, depositada en una urna de oro y cristal, fue transportada bajo condiciones especiales por su fragilidad y su importancia para muchos creyentes. “No la podemos poner debajo. No podemos siquiera colocarla en los compartimentos superiores. Debe tener su propio asiento”, comentó Regnier. También declaró lo siguiente: “Necesitamos reservar un asiento. Él es una persona, en alguna forma, pero no es una persona, es un brazo”. Se estima que con dicha extremidad, san Francisco Javier bautizó a unos 100.000 individuos en Asia.

Hasta el momento, los organizadores no han brindado cifras sobre el número de personas que contemplaron el brazo. Pero se sabe que en 2001, los restos de Santa Teresa del Niño Jesús atrajeron cerca de dos millones de individuos en su recorrido por varias ciudades del país, según la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá.

 

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