Israel teme que Estados Unidos, su principal aliado global, esté dejando de prestar atención a Oriente Próximo ante el protagonismo que cobra la tensión con Corea del Norte, y por las tribulaciones internas de la Administración de Donald Trump. Benjamín Netanyahu viaja este miércoles a Rusia para reunirse con el presidente Vladímir Putin en un intento de frenar “los crecientes intentos de Irán para reforzar su presencia militar en Siria”, según un comunicado difundido por el gabinete del primer ministro israelí.

“La agresión iraní, que no ha cesado a pesar del acuerdo nuclear [de 2015] representa un problema no solo para Israel, sino también para las naciones de Oriente Próximo y para el mundo entero”, anticipó Netanyahu antes de viajar a Sochi, en la costa del mar Negro, en el que se presenta como su sexto encuentro con el presidente ruso en menos de dos años.

Aunque el Kremlin parece abordar la reunión como una iniciativa de mediación en el conflicto israelo-palestino, en la agenda oficial de Netanyahu solo se destaca la amenaza del despliegue iraní. Fuentes oficiales han transmitido a la prensa local que el primer ministro pretende aportar pruebas proporcionadas por sus servicios de inteligencia para intentar convencer al mandatario ruso de que la creciente presencia militar de Irán en Siria solo contribuirá a desestabilizar el equilibrio de fuerzas en Oriente Próximo.

El Canal 2 de la televisión israelí difundió la semana pasada imágenes de satélite de una supuesta fábrica de misiles iraní en construcción en la ciudad de Baniyas, cerca de la costa mediterránea siria. Netanyahu viaja a Sochi acompañado por el director del Mosad (inteligencia exterior), Yosi Cohen, y otros altos responsables de seguridad.

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